LA BUENA BATALLA DE LA FE
Dr. Jeremías Saúl García
1 Timoteo 6:11 y 12
 

En 1 Timoteo 6:11,12, el apóstol Pablo le dice a Timoteo “Mas tú, oh hombre de Dios… pelea la buena batalla de la fe…”.
Esta expresión tiene que ver con resistir, vencer toda oposición, para obtener todo aquello que es bueno o útil. Por eso se le llama una “buena batalla”, pues su propósito ó su fin es siempre bueno; y se le denomina “batalla de la fe” porque tiene que ver con perseverar en el lograr aquellas cosas que solamente por la fe podemos recibir. Cosas que vemos solamente por fe y se alcanzan por fe. A esto se refiere también la palabra que leemos en Romanos 1:17 “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.

 

Cuando una persona no está en el reino de Dios, su caminar o vivir no es por fe sino por vista, Efesios 2:2 llama a esto seguir la corriente de este mundo; pero cuando se convierte a Cristo, entra inmediatamente al campo ó a los caminos de la fe, en donde hay cosas que nunca se han visto y nadie las ha conocido pero que existen en Dios porque Él las ha preparado para quienes le aman.


La única manera que ver, creer y caminar hacia esas cosas es haciéndolo por fe. Es entonces cuando empieza una lucha para desprendernos de los temores, incertidumbre o dudas que representa acostumbrarnos a dejar de depender de las cosas visibles para poseer las invisibles. No quiere decir que las cosas visibles sean malas, sino que las invisibles son mejores.


Hay tres personas a quienes quiero referirme, quienes entraron a los caminos de la fe, los caminos de Jesús.
El primero es Pedro, en Mateo 14:22-33, leemos que Jesús vino a sus discípulos que se encontraban en una barca en medio de una gran tempestad, y lo hizo caminando sobre el agua, algo sobrenatural como siempre lo son los caminos de Dios. Después de pasar un buen susto pensando que Jesús era un fantasma, Pedro le dice al Señor: “…si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Lo que Pedro está pidiendo a Jesús es que le permita entrar a sus caminos. Jesús da la palabra y Pedro lo empieza a caminar sobre el agua. Ya lo está haciendo pero inmediatamente empieza la “buena batalla”, y Pedro no logra salir victorioso. La el temor lo lleva a dudar y se detiene, perdiendo la bendición de llegar hasta donde estaba el Señor. Aunque al exhortarlo Jesús lo llama “hombre de poca fe”, no es solamente por su poca fe que pierde la batalla, sino por dudar. Su poca fe le fue suficiente para dar los primeros pasos sobre el agua, y pudo haber sido suficiente para llegar hasta su meta. Pero la duda le roba el fruto de su fe, aunque no necesariamente su fe. El sigue creyendo en Jesús, pues es a Él que clama para que lo salve.

Los otros dos ejemplos son el de la mujer enferma de flujo de sangre (Mr 5:21-29) y la mujer cananea cuya hija era atormentada por un espíritu inmundo (Mt 15:21-28). Estas dos mujeres enfrentaron y pelearon “la buena batalla de la fe”, pero perseveraron en ese camino y lograron el objetivo de su fe.


Cuando tu entras al camino de la fe es porque buscas o esperas algo que solamente puedes llegar a ello por fe. Puede ser un milagro, una bendición o el cumplimiento de una promesa. Si al avanzar enfrentas resistencia, debes preguntarte: ¿lo que busco por fe es lo suficientemente bueno y valioso para luchar hasta que lo alcance?, porque si fácilmente te das por vencido quiere decir que no era valioso o bueno para tu vida. Si las adversidades son lo suficientemente fuertes como para apartarte de tu caminar en fe, quiere decir que aquello que buscabas o esperabas no tenía el suficiente valor o importancia para tu vida.


El valor de las cosas que buscas o esperas, deben determinar el que pelees o no la “buena batalla de la fe”.


 

 

 
 

 
 
 
 

 
 
 
 

 
 
 
 
 
 

 
 

 
 
 
 

 
 
 

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